Tenemos años presenciando la lucha de mucha gente alrededor del mundo contra dos trastornos alimenticios y psicológicos muy peligrosos: anorexia y bulimia. Lamentablemente, con la llegada de la pandemia aumentó considerablemente la cifra de personas que padecen algunas de estas enfermedades.
La anorexia o anorexia nerviosa como también se le conoce, es un trastorno psicológico que cambia radicalmente la conducta alimenticia de una persona. Quien lo padece (en su mayoría niñas y mujeres, aunque también se está volviendo común entre niños y hombres), desea a toda costa mantener el peso corporal mas bajo posible. Para conseguir dicho objetivo, deciden ingerir la mas mínima cantidad de comida que puedan o comer de forma compulsiva para luego expulsar lo consumido mediante vómitos.

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Mientras que la bulimia o bulimia nerviosa, es un trastorno alimenticio y psicológico en el cual la persona que lo sufre tiene dificultades para regular su ingestión de alimentos. Las personas que padecen esta enfermedad tienden a consumir una gran cantidad de comida (momento conocido como «atracones»), para luego sufrir un sentimiento de arrepentimiento que los lleva a querer evitar el aumento de peso, utilizando también los vómitos y el uso controlado de laxantes.

Pero, ¿Existen diferencias entre la anorexia y la bulimia?
Aunque la anorexia y la bulimia son dos trastornos alimenticios muy parecidos, algo que los diferencia mucho es la forma en que la persona enferma se comporta ante la comida.
Es importante recordar que la anorexia se caracteriza por un gran miedo a engordar o verse gordo/a, por lo que la persona deja de comer o lo hace en muy pocas porciones. Mientras que la bulimia, quien la padece, además de tener miedo a engordar también sufre un descontrol ante la comida.

¡Pandemia, anorexia y bulimia!
Según el periódico El País, las cifras del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús, en Madrid, España, se ha registrado un aumento de un 20% de ingresos por trastornos de alimentación de niños y jóvenes durante el año 2020, sobre todo por anorexia nerviosa.
Montserrat Graell Berna, Jefa de Servicio Psiquiatría y Psicología, explica a El País que el confinamiento prolongado, el aislamiento social o el cierre de las escuelas han podido afectar al bienestar físico y mental de los niños y adolescentes, o precipitar y agravar algunos problemas mentales previos. Agrega que con respecto a los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), han influido varios factores para su inicio o agravamiento, como la modificación de las actividades o rutinas de la vida diaria, en cuanto a la alimentación, ejercicio físico, horarios de sueño o actividades extraescolares.
“Las restricciones sociales, el incremento y mal uso de redes sociales y una mayor incertidumbre y miedo. Al mismo tiempo, el apoyo social entre compañeros y el contacto entre familiares se han visto reducidos. Todo esto ha provocado en jóvenes vulnerables o con riesgo a padecer estos trastornos una hipervigilancia del estado físico y un posible detonante para el comienzo de conductas alimentarias anómalas”, asegura dice Graell Berna.

¿Cuáles son los principales síntomas de la anorexia y la bulimia?
El Departamento de Psiquiatría y Psicología Médica de la Clínica Universidad de Navarra, en España, considera que los principales síntomas de estos dos trastornos alimenticios son los siguientes:
Anorexia
- Miedo intenso a ganar peso.
- Distorsión de la imagen corporal o verse gorda a pesar de estar muy delgada.
- Reducción del peso por debajo de lo normal hasta llegar a malnutrición.
- Como consecuencia del adelgazamiento extremo aparecen algunos signos físicos como piel seca y rugosa, caída del cabello, pérdida de la menstruación durante al menos 3 ciclos consecutivos.
- Síntomas psicopatológicos como estados de tristeza, angustia, irritabilidad o asilamiento social.
- La personalidad de estas pacientes suele ser de perfeccionismo y de autoexigencia en sus vidas, que se acompaña de una baja autoestima.
Síntomas más habituales:
- Distorsión de la imagen corporal.
- Malnutrición.
- Alteraciones digestivas.
- Falta de calcio.
- Alteraciones bioquímicas en sangre.

Bulimia
- Atracones y la ingesta desmesurada de alimentos en poco tiempo.
- Pérdida de control sobre la comida, lo cual a su vez genera mucha ansiedad.
- Utilización de mecanismos compensatorios para controlar el aumento de peso (uso de diuréticos, laxantes, ejercicio excesivo, dieta hipocalórica, periodos de ayuno, etc.
- En cuanto a los síntomas psicológicos que puede presentar ansiedad, depresión, baja autoestima.
- En cuanto a síntomas físicos el afectado puede sufrir cefaleas, problemas dentales, cara hinchada, pérdida de cabello, irregularidad en la menstruación, deshidratación, arritmias, etc.
Síntomas más habituales:
- Distorsión de la imagen corporal.
- Malnutrición.
- Alteraciones digestivas.
- Alteraciones bioquímicas en sangre.
- Falta de calcio.

¿Cómo prevenir la anorexia y la bulimia?
Gracias a la doctora Carmen Ponce de León, Jefa de servicio de Trastornos de la Conducta Alimentaria del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid, conocimos el Programa D.I.C.E., una especie de manual de instrucciones para quienes desean prevenir, tanto Trastornos de Conducta Alimentaria, como Obesidad. Se apoya en cuatro elementos representados por las letras de la palabra DICE: Dieta, Imagen Corporal, Comunicación, Ejercicio Físico.
¿Cómo iniciar a aplicarlo?
Ambiente en la mesa
- Fomentar las comidas familiares.
- Favorecer que la ingesta se realice siempre en el lugar destinado a ello.
- Procurar un ambiente relajado, de conversación y de disfrute a la hora de comer.
- Desalentar la tendencia a comer en soledad.
- Educar en maneras en la mesa (uso de cubiertos, respeto a los demás comensales, postura, etc).
- Evitar tratar conflictos a la hora de comer («ahora estamos comiendo…ya lo hablaremos en otro momento»)
Dieta
- Procurar, en lo posible, una dieta variada e igual para todos los miembros de la familia.
- Evitar el hábito de tomar bebidas con sabores. El mejor líquido es el agua. Los zumos son un alimento.
- Establecer horarios y orden en las comidas, permitiendo cierta flexibilidad ocasional.
- No calificar las comidas de forma absoluta (buenas vs malas; basura vs sanas, etc.)
- No utilizar la comida como premio o amenaza.
- Es tan nocivo prohibir los dulces como mantener una permanente disponibilidad de los mismos.
- La idea de que hay que practicar la fuerza de voluntad para evitar comer excesivamente, es errónea y puede favorecer una percepción alterada de la alimentación.
- A no ser que lo haya prescrito un médico, no debe limitarse el aporte calórico de niños y adolescentes.


