Se siente muy dentro el amor sin poses, ese que se engendra sin grandes pretensiones y que se va hilando día a día sin la intención más mínima de recompensas…
Eso que ocurre cuando desde el hogar se reciben valiosos sentimientos incalculables, pero que, siendo sincera, no tienen palabras exactas para ser descritos. Cuando los hijos vemos crecer el amor de pareja y nos sentimos “obligados” a replicar, –si Dios nos bendice–, lo que hemos visto a lo largo de los años en nuestros progenitores… Es el instante preciso en el que, a pesar de todo lo que pudiera estar ocurriendo en el mundo, los observas y sabes que en contra de cualquier corriente liberalista, anhelas con todo tu corazón tener algo cercano a lo que ellos construyeron.
Recientes
Soy de esas hijas flechadas por el amor… el amor a su relación y más aún: al legado que nos dejan a mis hermanas y a mí. ¿Cómo no creer en el amor y la familia cuando tras 40 años de casados siguen bailando en un mosaico a Fausto Rey?
El 2021 me concedió celebrar la unión de la génesis de mi familia, mi hogar, los que me dejan descrito en el cielo que todo es posible con su apoyo. Por asuntos del destino, habían pasado varios años sin que pudiésemos estar todos en un mismo país… Dios lo hizo posible hace poco y me dio el mayor regalo que no hubiese podido esperar luego de una pandemia.
Lo hizo sin muchos arreglos previos, en un lugar mágico en el que cada espacio estaba incrustado de historias emblemáticas de la humanidad. El universo me dio el privilegio de caminar escuchando un son, conociendo escritores y artesanos latinoamericanos junto a lo más valioso de la existencia humana: mi familia, ellos fueron testigos y responsables de la explosión de mis sentidos y alma…mientras agarraban mis manos.
Nota: Nada somos sin la familia. No dejes para “otro día” el tiempo con los tuyos.

