No se si creen en las diosidencias, suerte, destino… o como las grandes industrias han descrito las eventualidades cotidianas de los humanos. Yo, en lo particular, más que creer, estoy segura de que existen eventos aislados que terminan interconectándose con los distintos momentos y etapas de nuestras vidas.
Hay meses que se vuelven los escenarios protagonistas de aquellos instantes que han marcado nuestra trayectoria. Esos que quedan grabados en las extremidades más profundas de los sentidos porque sí. Inexplicablemente hay sucesos distantes que coinciden en una fecha.
¿Acaso les ha pasado recordar con sabores y sensaciones? O, tras despertar de un sueño profundo, ¿sentir que lo vivieron por la irrupción tan significativa en nuestro ser?
Recientes
A mí sí y han estado presentes en mis “octubres memorables”, mes de agradecimiento personal, profesional y emocional. Uno en el que los cables se unieron a distancia, cuando la inercia tuvo vida y los electrones del universo se confabularon para ubicarme en el instante ideal del destino.
¿Mágico? Pudiera ser. A esta altura de mi vida, he llegado a creer hasta en lo que no veo. He aprendido a escuchar lo que no se dice y, sobre todo, en aquello que no se puede explicar.
Todos guardamos misterios indescifrables. Esos que se alían al cosmos, a lo incierto y enigmático que, al final de los días, le da sentido a vivir. Octubre me habla, me cambia, me marca los pies fuertemente en la tierra, como si me amarrasen una funda de cemento, pero, secretamente, me empuja a resurgir de las cenizas más oscuras.
Octubre, eres la respuesta y aliento que todos alguna vez hemos necesitado.

