Frente a los rostros perfectamente uniformes y los contornos muy definidos, la temporada apuesta por pieles que dejan ver su textura, mejillas más coloreadas, labios en tonos baya o marrones y ojos deliberadamente difuminados. El resultado combina naturalidad y dramatismo, pero sin necesidad de concentrar todos los elementos a la vez.
Labios teñidos de frutos rojos, las pestañas escultóricas, las sombras frías y la piel casi desnuda vuelve junto al maquillaje difuminado y el regreso de los acabados metálicos
El protagonismo cambia de zona.
Una de las claves del otoño es elegir dónde poner el foco. La maquilladora Cristina Las Heras resume la tendencia en una idea sencilla: “destacar una característica del rostro y dejar que el resto acompañe”.
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Así, un labio intenso puede convivir con una piel prácticamente desnuda y unas pestañas discretas, mientras unos ojos más trabajados encuentran su equilibrio en una boca natural.
La maquilladora señala precisamente el contraste entre una piel con poca cobertura y un labio de color intenso como una de las fórmulas vistas en las pasarelas de otoño-invierno.
No desaparece, por tanto, el maquillaje natural, sino que cambia su función: “deja de significar necesariamente ausencia de color para convertirse en una base sobre la que destacar un único elemento”.
Labios en tonos de frutos rojos

Los labios oscuros regresan, pero no necesariamente en forma de barras opacas y perfectamente delimitadas. “Una de las propuestas más repetidas es el efecto teñido, con tonos cereza, granate, ciruela o frutos del bosque que dejan entrever el color natural de los labios”, añade.
Los tonos baya se posicionan, así como una de las tendencias de la temporada en productos tipo tinte, disponibles ahora en aceites, sérums, geles, bálsamos y fórmulas de acabado mate suave. “La ventaja es conseguir intensidad sin el efecto compacto de una barra oscura tradicional”, explica.
El marrón también gana terreno con la recuperación del labio marrón inspirado en los años noventa, especialmente en versiones transparentes y difuminadas.
El efecto difuminado sustituye a la precisión.
Otra de las grandes direcciones de la temporada es el maquillaje sin bordes excesivamente definidos. El color se extiende y se funde con la piel, especialmente en labios y ojos.
Las Heras identifica el llamado maquillaje ‘blurred’ como una de las tendencias que continúan este otoño y lo relaciona con una estética deliberadamente imperfecta: “labios mordidos, sombras extendidas y contornos menos evidentes”.
Esta tendencia también explica el regreso de los ojos «cansados», una estética que recupera referencias del maquillaje de finales de los noventa y de los primeros años de los 2000.
Más colorete y menos esculpido
El colorete adquiere una función que hasta hace poco correspondía principalmente al contorno. En lugar de utilizar bronceadores y productos de sombreado para modificar las facciones, la propuesta consiste “en llevar el color hacia la parte alta de las mejillas y difuminarlo hacia fuera”.
El resultado busca una piel con apariencia saludable y un toque de color que asciende por el pómulo, más cercano al rubor que al “contouring” tradicional.
La piel se ve, no desaparece.
La base también pierde peso. La tendencia hacia una piel más real continúa en otoño, con coberturas ligeras y productos aplicados únicamente donde son necesarios, en una piel en la que todavía puedan apreciarse pecas, textura y dimensión.
Su propuesta no consiste necesariamente en utilizar menos cosméticos, sino en concentrar la cobertura en las zonas que realmente la necesitan. La piel luminosa tampoco desaparece, tal y como se ha visto en la semana de la moda de Milán: rostros con una piel prácticamente desnuda combinada con ojos ahumados, labios brillantes y, en otros casos, iluminador sobre los pómulos.
Del ojo ahumado al metálico
Los ojos recuperan intensidad, aunque con acabados menos rígidos. El «smoky eye» aparece en versiones más suaves, construido con marrones, chocolate, ciruela, oliva o carbón y sin líneas demasiado marcadas. La maquilladora propone comenzar cerca de la línea de las pestañas y extender progresivamente el pigmento.
La maquilladora anticipa una temporada de acabados metalizados que no se limitarán a las sombras: también pueden trasladarse al colorete o los labios, recuperando una estética vinculada a los años noventa y dos mil.
Pestañas: o muy presentes o desaparecidas
Las pestañas viven dos tendencias aparentemente opuestas. Por un lado, las máscaras pierden protagonismo e incluso aparece de nuevo el maquillaje sin máscara, que deja los ojos más despejados. Por otro, las pestañas se convierten en un elemento gráfico cuando se busca dramatismo.
Esta dualidad resume buena parte del maquillaje de otoño: no existe una única manera de maquillarse, sino distintas intensidades que parten de una misma idea, la de decidir qué elemento quiere destacar.
El otoño no abandona la naturalidad que ha dominado la belleza en los últimos años, pero la combina con una mayor libertad de color y textura. La piel queda más visible, el colorete gana terreno, los labios recuperan tonos profundos y los ojos aceptan el desenfoque, el metal o incluso la ausencia de máscara.
María Muñoz Rivera.
EFE REPORTAJES

